domingo, 15 de mayo de 2011

Cuando fumar era un arte: los mejores cuadros con el tabaco como protagonista


Francisco R. Pastoriza*.- Hace más de 500 años que el tabaco forma parte de la cultura de occidente. Mucho tiempo antes ya era una costumbre arraigada en los nativos del continente americano, desde donde fue traído a Europa por la primera oleada de conquistadores. Fueron dos españoles, Rodrigo de Jerez y Luis de Torres, dos marinos que acompañaron a Cristóbal Colón en su primer viaje, quienes a finales de 1492 se interesaron por aquel producto del que los indios taínos de la isla de Cuba aspiraban su humo. Cuando lo introdujeron en España, la Inquisición los condenó por divulgar entre las gentes un acto contra natura, cual era el de “sacar humo por la boca”.
Francisco Hernández de Boncalo trajo a España las primeras semillas, que plantó en la finca toledana de Los Cigarrales, llamada así por el gran número de cigarras que la invadían  (de ahí el nombre de cigarro con el que se conoció desde entonces el producto preparado para ser consumido). La industria tabaquera enriqueció a productores y mercaderes y muy pronto el consumo de tabaco se extendió por todo el mundo a todas las clases sociales e instituciones, desde la aristocracia a la clase obrera, desde el gobierno a la milicia y al clero (el Papa tuvo que amenazar de excomunión a los curas que fumasen durante la misa).
Pese a esta larga trayectoria, sólo desde hace 50 años se tiene constancia de los efectos nocivos del tabaco. Un informe científico estableció en 1964 la vinculación entre el acto de fumar y las enfermedades cardíacas y otras como la bronquitis crónica o el cáncer, después de que diversas asociaciones médicas solicitaran al presidente John F. Kennedy un estudio sobre los peligros del tabaco.
Fumar en el arte
Desde muy pronto, el tabaco y su entorno se convirtieron en objeto de interés para artistas y creadores. Algunas obras de arte de los primeros años en los que se divulgó por toda Europa la costumbre de fumar ya muestran consumiendo cigarros a personajes de todas las clases sociales. Los pintores fueron quienes con más frecuencia registraron en sus cuadros escenas relacionadas con el tabaco. En el siglo XX las estrellas de cine promovieron su uso social masivo en una sociedad que identificaba el acto de fumar con el glamour. Y si hasta la realeza fumaba (Gustavo V de Suecia encendiendo un cigarrillo, de Filipp Malyavin), había que imitarla. La mujer encontró en el acto de fumar el símbolo de su emancipación y de su libertad después de que la American Tobacco Company lanzara una campaña publicitaria dirigida a las mujeres, en la que se identificaba el acto de fumar con aquellos valores. El primer cuadro en el que aparece una mujer fumando es La lectora (1864), de Federico Faruffini. Es esta obra la que sirve de portada a un libro de Alejandro ArísFumar en el arte (Lunwerg), que recoge y contextualiza algunas de las mejores obras de pintores y artistas que introdujeron el tabaco en sus obras.

Retratos de humo

Pintores relevantes han manifestado su adicción al tabaco en autorretratos en los que aparecen fumando. En todos los suyos, Anders Zorn aparece siempre con un cigarrillo en la mano. Max Beckmann se autorretrató con la pipa en una mano y el pincel en la otra, como dando la misma importancia a la pintura y al tabaco en su vida. Van Gogh se autorretrató fumando una pipa, aún con la oreja vendada. Hasta Dalí, que no era fumador, sucumbió a la tentación de autorretratarse con una pipa en la boca. En Triple autorretrato, de Norman Rockwell, una de las obras más originales del arte contemporáneo, el artista se retrata fumando por triplicado: en un espejo, de espaldas y en el lienzo que pinta.
A veces el tabaco es el protagonista del cuadro, más que el personaje. Así, el cigarro apagado con el que aparece Ernst Ludwig Kirchner quiere transmitir la falta de creatividad e inspiración que afectaba al pintor en ese momento. En Rocco con su tocadiscos, de Renato Guttuso, y en Soir bleu, de Edward Hopper, el cigarro acentúa la soledad de los protagonistas del cuadro, y en SonjaChristian Schad reflejó la soledad y los celos de una mujer abandonada. EnRetrato de George Dyer en un espejo, de Francis Bacon, el humo, único elemento blanco, adquiere tanto protagonismo como el personaje.
Pintores, pero también escritores fueron quienes más se retrataron con el tabaco como aliado.Manet retrató fumando a MallarméSorolla a Pérez GaldósHenri Rousseau a Pierre Loti,Eugene Schirokov a Viktor Astafief… Era muy frecuente que escritores y artistas fumaran en pipa, un utensilio que se divulgó después de que se extendiera la creencia, tras la peste que asoló Amsterdam en 1601, de que el humo del tabaco protegía de la enfermedad. Se tardaba más tiempo en consumir una pipa que un cigarro, por lo tanto, el fumador de pipa se sentía más tiempo protegido. MonetDerainMatisse… fueron retratados fumando con pipa, mientras algunos de los cuadros más conocidos tienen a una pipa como protagonista: El fumador de pipa de Paul CézanneMuchacho con pipa de Picasso, o Esto no es una pipa de René Magritte.

Un placer sensual

Antes de que se descubrieran los efectos perjudiciales del tabaco en la salud, algunos ya comenzaron a calificar como un vicio el acto de fumar. Por eso, como toda transgresión, el tabaco proporciona sensaciones placenteras cuando se identifica con lo prohibido y lo festivo y por eso se asoció a otros vicios ya reconocidos, como el alcohol y el sexo. Maneten El buen bock, refleja los placeres de la cerveza y el cigarro en la cara satisfecha de su protagonista. Reuniones de grupos de hombres fumando en bares y cafés son representadas como actos de transgresión por Degas,RenoirCézanneManet…, en locales de esparcimiento y en excursiones campestres. Bar Italia, de Paul Cadmus, una de las grandes obras maestras del siglo XX, representa este ambiente de vicio. Las relaciones entre sexo y tabaco se registran en obras como Charla entre chicas, de Kinuko Craft, que ilustró un artículo de la revista “Play Boy”, y sobre todo en el mundo de la prostitución. Imágenes de meretrices fumando son frecuentes en obras de Otto DixGeorg GroszToulousse-Lautrec o Picasso. En Ecce Homo, de Grosz, que escenifica un ambiente de prostitución, todos los personajes están fumando
Fuente: http://www.periodistas-es.org

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada