¿cigarrillo normal o electrónico?

miércoles, 6 de julio de 2011

Cohiba Behike 54

Lo primero que hay que hacer con este puro es admirarlo. Y quizás recordar esa canción Fina Estampa en la voz de Caetano Veloso. Su imagen y presentación es impecable: una figura sobria y elegante como corresponde a su lujosa condición.
La anilla es un pequeño alarde “tecnológico” y de calidad de impresión casi impensable para un país como Cuba. Y seguramente plantea un reto enorme para la oportunista industria de la falsificación.
Su olor, aún sin encenderlo, remite a su guarda y a la cuidadosa selección de las hojas que lo conforman.
Intimida un poco, eso sí, saber que estás a punto de probar un ejemplar de lo que es el gran suceso dentro del mundo de los puros y el lujo: el habano más caro del mundo, una edición muy limitada del altísimo nivel que pueden alcanzar los cubanos en materia de cigarros.
Lo enciendes y rápidamente su agradable y discreto aroma te envuelve con delicadeza.
De comienzo suave, sin embargo muestra indicios de que estás empezando a fumar algo muy especial, más allá del efecto del marketing.
Va quemando con una ceniza gris oscuro que dibuja círculos y el aroma, ese aroma, te va ganando sin dificultad.
Me dijeron que se trataba de un tabaco “interesante” y de momento encuentro que esa es la palabra que mejor dibuja la experiencia: no es fácil describirla bien, atraparla de manera suficiente.
Parte del secreto del Behike pudiera estar en su retrogusto, el after taste, ese gusto tan particular que persiste durante
Cajones Cohiba Behike
largo rato tras expulsar el humo y que constituye un elemento notable y delicioso que marca una enorme diferencia con respecto a cualquier otra cosa que hayas fumado.

De vez en cuando, tomo un pequeño sorbo de Santa Teresa 1796: se llevan bien estos dos, aunque quizás el maridaje ideal sea con algo de categoría aún mayor, un Bicentenario o un Carúpano Legendario.
Lo que sí queda muy claro es que el Behike es un puro para fumarlo en reposo, en un ambiente calmo y sin distracciones innecesarias porque mientras más te concentras en la experiencia mejor podrás apreciar sus detalles y matices. Al menos es lo que se debería hacer la primera vez. Y la segunda, y la tercera…
Avanzada la combustión, no deja de maravillarme el efecto en el paladar, la persistencia de un sabor que sé que no podré describir: es como si se despertaran receptores del gusto que estaban dormidos hasta este momento.
Esta es una fumada que quieres prolongar, estirarla al máximo, llevarla poco a poco. Esa es la mejor manera de disfrutar un puro tan especial y tan costoso (alrededor de 30 a 40 dólares en el mercado internacional).
La línea Behike –tres vitolas- fue lanzada al mercado en abril de 2010, luego de una campaña de “informaciones” casi de intriga que despertó enormes expectativas. De producción muy limitada, son tabacos torcidos con hojas de selección exclusiva de la región de Vuelta Abajo y cuya liga incorpora a la llamada “medio tiempo” o Fortaleza 4.
Medio tiempo es una hoja muy escasa y difícil de cosechar, pero que aporta un sabor y fortaleza “excepcionales”, según explican en Habanos SA. Y esa presencia es la que le define el carácter singular del Behike.
El ejemplar que fumo es cepo 54 (las otras vitolas son 52 y 56) y tiene 144 milímetros de largo y su vitola de galera es Laguito número 5.
Como sucede con casi todos los buenos puros, el último tramo resulta un poco más recio, pero siempre logra mantenerse dentro de un rango delicado y sofisticado y en esta etapa es cuando mejor se aviene con el ron.
Luego se apacigua ese ligero arrebato para terminar en un final feliz sobre el que no se me ocurre otra cosa que decir salvo que es digno de ovación: el Behike es un grande y quien pueda costearlo debe probarlo al menos una vez en la vida
Fuente: Vitolario.com

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