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lunes, 14 de noviembre de 2011

Tabaco: un sector que echa humo

- Fin de las ayudas directas, ley antitabaco, presión fiscal o competencia de productores más baratos asfixian a un sector que ha vivido tiempos mejores
- La importancia del cultivo en la región y sus problemas se pueden resumir en diez cuestiones básicas

¿Por qué es importante el cultivo del tabaco en Extremadura?

Aunque en los últimos años se ha producido un paulatino descenso en el número de cultivadores de tabaco en la región, por lo que se ha perdido parte de la importancia social que tenía, todavía suman cerca de 2.200 productores, lo que supone el 87% del total nacional. El resto de las zonas tabaqueras son Granada, Candeleda (Ávila) y Estella (Navarra), y apenas son 300 más. Estos 2.200 tabaqueros extremeños producen casi 32.000 toneladas anuales, entre las variedades Virginia -la mayoritaria- Burley y Kentucky, lo que representa el 94% de la producción española. Se concentran en 46 poblaciones de la provincia de Cáceres de las comarcas de La Vera, el Campo Arañuelo y el Valle del Alagón, que suman casi 146.000 habitantes. La provincia de Badajoz cuenta con una representación casi testimonial, al cultivarse tabaco únicamente en tres municipios.
A los titulares de las explotaciones hay que añadir la abundante mano de obra que se contrata para la recolección y a los propietarios y trabajadores de los negocios relacionados con el tabaco, como construcción de secaderos, vehículos y maquinaria, sistemas de riego o productos fitosanitarios. También a los trabajadores de las empresas transformadoras, que solo en Cetarsa suman cerca de 500. Se estiman en unos 20.000 los empleos que mantiene directamente el cultivo del tabaco en Extremadura.
Los ingresos económicos que genera el sector se calcularon en 2009 en 125 millones de euros entre la prima desacoplada (independiente de la producción), la prima acoplada (lo que se paga por cada kilo) y el precio comercial (lo que se recibe de las tabaqueras).
¿Por qué atraviesa problemas?
Los problemas empezaron con la cruzada frente al consumo por considerarlo pernicioso, que en Europa provocó un pulso casi permanente entre comisarios de sanidad que creían un contrasentido subvencionar un producto que genera enfermedad y los de agricultura, que esgrimían que de su cultivo viven miles de familias. Por encima de argumentos las políticas antitabaco han ido traduciéndose en restricciones al fumar, disminución del consumo, acumulación de stocks y descenso en la compra por las multinacionales. Prueba de ello es que España ha perdido en pocos años 10 millones de kilos. Ese pulso mantuvo durante años en la incertidumbre a los tabaqueros, que pasaron de tener un cultivo rentable y seguro a sufrir recortes en las ayudas, esperando con temor las reformas de la PAC. Muchos han abandonado o han cambiado de cultivo . Los que siguen han invertido millones en secaderos con los que conseguir la calidad que se les pide, pero sin tener asegurada la venta.
¿Cómo funciona el sistema de ayudas?
El pasado 2010 fue el primer año en el que los tabaqueros no recibieron ayudas europeas directas, un paso más dentro de un proceso de cambio que comenzó en 2004, cuando se aprobó la reforma de la Política Agraria Comunitaria (PAC) para los cultivos mediterráneos. Entonces se decidió que en las campañas comprendidas entre 2006 y 2010 el 60% de las ayudas estuviera vinculado a la producción y el 40% restante a un pago único. Hasta entonces toda la ayuda era acoplada, o sea que los agricultores recibían una cantidad por cada kilo de tabaco que entregaran a las industrias.
Ese equilibrio 60% / 40% se mantendría hasta 2010. A partir de entonces desaparecía la ayuda acoplada. La mitad de las subvenciones se recibiría por hectárea de cultivo mientras que el resto entraría en un fondo destinado a medidas de desarrollo rural.
En 2008 se acordó una reforma intermedia de la PAC (el chequeo médico) y los cultivadores pidieron que se prorrogara la ayuda vinculada a la producción hasta 2013, una demanda que fue rechazada y que llevó a la Junta de Extremadura a aprobar un plan de 190 millones con los que intentar resarcirles. El balance de todo este proceso es que en estos momentos cada tabaquero percibe algo menos de 4.500 euros por hectárea de pago único, a los que hay que sumar lo que reciben de las industrias por su producto y de una pequeña ayuda ligada a acciones medioambientales. ¿Qué pasará a partir de 2013, cuando entren en vigor las medidas de la nueva reforma de la PAC que ahora ha empezado a negociarse?
La perspectiva es poco halagüeña. «Solamente recibiremos lo que nos corresponda por superficie, más una ayuda momentánea de medio ambiente», apunta Tomás Sánchez Varez, presidente de Unión de Tabaqueros y de la Agrupación de Productores SAT-Tab de Talayuela.
El futuro se presenta poco optimista, dicen los tabaqueros, que tienen que lidiar ya con dificultades como las que presenta la competencia de países en vías de desarrollo que producen tabaco a un precio más barato.
«A partir de ya estamos sujetos al mercado puro y duro. Tenemos un producto con un coste elevadísimo y nos enfrentamos a la competencia de unos países cuyos costes son mucho menores que los nuestros».
El cultivo de tabaco en Extremadura atraviesa por una etapa crucial para su existencia. El fin de las ayudas directas y el descenso del consumo hacen que este producto deba decidir cómo será su futuro en el plazo de apenas dos años.
La región acapara casi la totalidad de la producción nacional de tabaco, un sector que no pasa precisamente por su mejor momento. Se puede decir que una comarca de la región, el Campo Arañuelo, vive prácticamente del tabaco. Sin embargo, se trata de un producto que sigue siendo desconocido para muchos extremeños, a diferencia del tomate o el porcino ibérico. A modo de guía, estas son algunas de las cuestiones básicas para entender la importancia del tabaco en la región.

¿Qué opciones tienen para salir adelante?
Habrá que trabajar más y muy probablemente ganar menos. Para salir adelante hay que incrementar la productividad en todos los sentidos. Esto es, aumentar el rendimiento medio por hectárea y disminuir los costes de producción y la mano de obra. También será necesario integrar procesos con empresas de primera transformación para no duplicar las tareas en las explotaciones y en las fábricas, como por ejemplo en la selección de producto. En la parte comercial, algo fundamental y hasta ahora no tenido en cuenta es que hay que trasladar a los clientes la calidad del tabaco español. Hacerles saber que nuestro tabaco es muy bueno y además que es el único que en Europa se produce bajo una Norma Técnica Específica de Producción Integrada. La manufactura debe ser consciente de los esfuerzos que este sistema de producción supone y del valor añadido del producto.

¿Lo están consiguiendo?
Por el momento, se está pasando de una economía subsidiada, a dos euros por kilo hasta la campaña 2009, a una economía de mercado (la subvención actual es de 0,17 céntimos por kilo).
Comercialmente el precio ha pasado de unos 0,80 céntimos a 2,40 euros por kilo. Estos datos dicen que a priori los tabaqueros están consiguiendo su objetivo, pero no está siendo fácil, ya que los ingresos globales del agricultor han disminuido. Esta circunstancia ha hecho que se haya producido una mecanización prácticamente de todas las fases del cultivo. Especialmente ha ocurrido en la recolección y en el proceso de curado para mejorar la eficiencia de los secaderos. Incluso se está empleando biomasa como combustible con el objetivo de ahorrar. El tamaño de las explotaciones está creciendo, ya que se está pasando de un negocio de margen a un negocio de rotación. Donde no se ha avanzado demasiado es en la diversificación de cultivos.

¿En qué situación están las empresas tabaqueras?
Se trata de las empresas que convierten en cigarrillos el tabaco que compran a las transformadoras y se declaran agobiadas por la presión fiscal y la ley antitabaco, cuya consecuencia ha sido la disminución de las ventas y la reaparición del contrabando. La ecuación es sencilla: se venden menos cigarrillos, por lo que las tabaqueras compran menos cantidades a las productoras y estas menos también a los agricultores.
No pasan precisamente por su mejor momento por culpa de la presión a la que se han visto sometidas por un Gobierno que ha aumentado los impuestos sobre el tabaco y también la prohibición de fumar tanto en espacios públicos como lugares de trabajo.
«Es lamentable que la disminución de las ventas de tabaco se produzca por ese incremento de las tasas, aplicado desde diciembre de 2010 y también por la aprobación de una ley antitabaco. Es una presión que se ejerce sobre empresas como Altadis, que compra la materia prima en Extremadura», indica Miguel Ángel Martín, responsable de comunicación de esta empresa, que participa en un 21% del capital de Cetarsa.
«Los gobiernos -añade- deben ser conscientes de hacia dónde puede llevar esta presión fiscal y regulatoria sobre un producto como el tabaco del que directa o indirectamente viven unas 100.000 familias en España».
Desde Altadis se señala que una de las consecuencias de la subida de impuestos ha sido la reaparición del contrabando, que según sus datos representa en estos momentos en torno al ocho por ciento de las ventas que se producen actualmente en España.
«Ha aumentado la venta del tabaco ilegal, el que no pasa por los estancos, y ha disminuido la del legal».
¿Y las transformadoras?
Son el eslabón que se encuentra en medio de una cadena que empieza en los agricultores a los que compran la materia prima que transformarán para vender a las tabaqueras. Estas últimas, agobiadas por la presión fiscal y la ley antitabaco, adquieren menos, por lo que las transfomadoras venden menos y demandan menos a los cultivadores. Un problema añadido es la compra de tabaco por empresas extranjeras que hasta hace poco desarrollaban esta operación a través de una filial española que lo transformaba aquí. «El problema se plantea cuando compran en España y llevan el tabaco a su país, creando empleo allí. Crea una situación extraña, pero salvo esta disfunción pensamos que la competencia es siempre positiva», indica Julio Viñuela, presidente de Cetarsa.
Las bajas laborales a las que se han visto obligadas revelan un momento difícil. «Debemos ser muy conscientes de que de ahora en adelante el empleo que se genere en la transformación va a depender de las compras que realicen las grandes multinacionales y estas, a su vez, de las mejoras que introduzcamos en productividad y calidad del tabaco». Las claves para salir del bache estarían, según Cetarsa, no en producir más sino mejor, con prácticas de cultivo y curado cada vez más eficaces y respetuosas tanto con el medio ambiente como con el marco legal y desarrollando variedades más adaptadas a nuestros suelos y resistentes a nuestras enfermedades.
¿Y después de 2013?
Después de 2013 habrá desaparecido el pago único, que en la actualidad se trata de una ayuda basada en un histórico de producción y es independiente del cultivo, que quiere decir que se obtiene tanto si se cultiva tabaco como si no. De manera que en general, el resultado de la explotación agrícola es independiente de la ayuda, aunque viene a ser un paracaídas en el sentido de que si la campaña es mala, con baja producción y bajos precios comerciales, la explotación recibe unos ingresos fijos.
Para dar estabilidad al sector habrá que establecer acuerdos a largo plazo con la industria manufacturera.
¿Cuál es exactamente el problema que hay con Mella?
Hace tres campañas varias agrupaciones de productores decidieron buscar mercado fuera de España porque el precio de aquí era inferior al que cobraban otros tabaqueros europeos. Tras muchas negociaciones, llegaron a un acuerdo con la italiana Mella, a la que vendieron unos dos millones de kilos a un precio un 20% superior del que venían percibiendo. Animados por esa primera experiencia positiva, repitieron esta campaña, contratando en marzo seis millones de kilos de 700 tabaqueros de Campo Arañuelo y La Vera pertenecientes a Cotabaco, Grutaba y Tabaco de Cáceres. Para su sorpresa meses después de firmar los contratos la firma italiana decidió rescindirlos unilateralmente -lo que no había ocurrido nunca en el sector- alegando problemas de financiación, dejando a los cultivadores con el tabaco en los secaderos tras realizar una cuantiosa inversión para producirlo. Las miradas se dirigieron entonces a la Junta y a las transformadoras españolas buscando que hicieran gestiones a todos los niveles para colocar el tabaco y que su precio comercial, 15 millones, revierta en los tabaqueros. Desde entonces se han producido numerosas reuniones con buenas perspectivas sobre una posible solución. Parece que en un momento dado tres empresas se interesaron por esos seis millones, pero las conversaciones no cuajaron. También se ha sabido que Mella se ofreció a comprarlo un 20% más barato de lo que había ofrecido, a lo que se negaron los productores porque significaría vender por debajo del precio de coste y se perdería mucho dinero de rentas familiares. Fuentes del sector afirman que es un problema de liquidez, puesto que Mella compraría, pero es incapaz de conseguir financiación y propone pagar a final de 2012. Por otro lado, las cooperativas españolas no quieren desprenderse del tabaco sin tener una garantía de cobro que Mella no puede ofrecerles. En Francia, la italiana está comprando a dos cooperativas, miembros de France Tabac, con la diferencia de que allí las cooperativas están adelantando el dinero a los agricultores por haber conseguido financiación.
El secretario general de Medio Rural, Eduardo Tamarit, afirmó el viernes que para resolver el problema del tabaco no adquirido por Mella a los productores extremeños se ha planteado una 'hoja de ruta' con «posibles soluciones», pero ha advertido de que la situación «no está resuelta ni se ha dicho que se vaya a resolver a corto plazo». Tamarit desmintió que el ministerio vaya a hacerse cargo de la venta del tabaco, en torno a 6.000 toneladas, que Mella se comprometió a adquirir a las cooperativas extremeñas y que finalmente no les compró. Precisó que en la reunión del jueves en Madrid con cooperativistas de esta región «en ningún momento se les dijo que se había cerrado ningún acuerdo» en particular, sino que se les recibió y escuchó para «intentar ayudarles a buscar una solución» durante un encuentro en el que se plantearon «informalmente» diversas opciones. «El ministerio busca posibles soluciones, ojalá tuviera ya una, pero no es así», insistió Tamarit, quien sí avanzó que su departamento seguirá «haciendo gestiones» en lo sucesivo.
¿Cuál ha sido la postura de las administraciones?
Afortunadamente parece que el tabaco ha quedado siempre fuera de la polémica partidista. Tanto PSOE como PP han apoyado sin ambages el cultivo cuando han estado en el poder regional. Por ejemplo el Ejecutivo de Vara aprobó en 2008 un plan para apoyar al sector y el de Monago ha firmado con el Ministerio de Agricultura un programa de desarrollo rural para zonas tabaqueras por valor de nueve millones.
No se puede decir lo mismo del Gobierno central. El tabaco siempre ha sido una concesión que España ha hecho en las negociaciones comunitarias para conseguir beneficios en otros cultivos. Así pasó en la reforma de 2002. Todo fue incluso a peor con la llegada de Rodríguez Zapatero. Para muchos, el Gobierno que más ha hecho por limitar el consumo de tabaco no podía permitir que se fomentara el cultivo.

Fuente : hoy.es

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